viernes, diciembre 01, 2006

Cómplices


Los conflictos que sacuden al fútbol por estos días son de público conocimiento. Si bien la crisis parece haberse desatado por hechos recientes, posee raíces que fueron creciendo y se fortalecieron en los últimos años. Este asunto de resonancia mediática, en base a pasadas experiencias es muy probable que se “emparche” con alguna medida momentánea o simplemente con el olvido, para que todo continúe más o menos igual. Con el fin de realizar un cambio verdadero es necesario que todos los que estamos ligados a este querido deporte realicemos una fuerte autocrítica para modificar las cosas, aunque más no sea por intermedio de nuestro pequeño aporte.
Uno de los conflictos visibles de esta crisis es la impunidad y el poderío que han alcanzado los denominados “barras bravas”. Estos personajes, que fueron ganando espacio gracias a favores de la dirigencia tanto futbolística como política, hoy parecen intocables e inimputables. Entre otras cosas, viajan en primera clase a los mundiales, pasan sus vacaciones en lugares donde poca gente puede acceder económicamente y hasta disponen si se juegan o no los partidos.
Además de la responsabilidad en este tema que le cabe a la dirigencia o a la policía ¿Cuál le corresponde a los hinchas y a los medios de comunicación? ¿No son cómplices todos aquellos que celebran con cantos especiales cuando este grupo fácilmente identificable ingresa (generalmente a los empujones) al sector central, que bajo amenazas les reservan sus adelantados? ¿No es cómplice la televisión que registra este hecho como si tuviera una relevancia especial? ¿O que los filma específicamente en cada celebración de gol?
Ante esto, como hinchas ¿Qué se puede hacer? Se puede reflexionar, no dejarse arrastrar por la masa y evitar aquellas actitudes que promuevan la violencia e impunidad de estos personajes. Porque por más que parezcan muy poderosos, sin el apoyo tácito de todos los participantes de este deporte (incluidos los jugadores, que por ejemplo sólo saludan hacia aquel sector caracterizado cuando salen a la cancha, incluso hasta cuando la misma está llena en los cuatro costados), quedarían expuestos a la reprobación general, la cual (de existir) por el momento parece no afectarles en lo más mínimo.

Diego Fioravanti

viernes, noviembre 24, 2006

Doble de Riesgo



Guepardo o Chita: Animal terrestre más rápido del mundo.
Carrilero: Equivalente humano del Guepardo. También terrestre, tan rápido como el Guepardo, pero mucho más resistente.


Es el emblema del fútbol moderno. En la Edad Maratónica, el nacimiento de un nuevo ‘híbrido’, entre jugador y atleta, encargado de transitar por el ‘carril rápido’ de la autopista futbolística, contrasta con el antiguo volante ochentoso, que tenía menos ida y vuelta pero era más ‘tiempista’ y criterioso. Este nuevo personaje se encarga de emparentar al fútbol argentino cada vez más con padre de todos los ‘fobals’ (El Inglés).
“Yo vengo a ser un carrilero de la construcción” dice Omar Buenavuelta, mientras continúa explicando. “Trabajo el doble que antes, me encargo del doble de actividades y me pagan un solo sueldo”.
Tan alejado de la realidad no está. Es que el carrilero es dual y juega continuamente con su doble personalidad. De cuerpo aerodinámico, y expuesto a mayores riesgos físicos que la mayoría de sus compañeros, este sacrificado ser acepta duplicar esfuerzos y desdoblarse en dos funciones. Su arma será el “Ida y Vuelta” incansable y en varios casos, un Vértigo hipnótico. Deberá tener dos juegos de ropa según la dirección en la que corra. Cuando corra en la faz defensiva vestirá un overol, pero, ni bien recupere el balón deberá calzarse una ‘pilcha’ un poco más elegante y pensar en el arco rival. “En los picados con amigos o soy carrilero o no juego”. El mayor riesgo que corre es que su velocidad física supere a la velocidad de su cabeza y por lo tanto juegue en un estado muy cercano a la ‘inconsciencia’.
Algunos médicos recomiendan al hincha ‘de alambrado’, no fijar demasiado la vista en nuestro espécimen bajo análisis. No hacer caso a esta advertencia trae aparejado síntomas de vértigo y mareos, cuando no, nauseas.

Los nombres propios que se destacan son: Nedved (Juventus), Galván (Estudiantes), Ryan Giggs y Cristiano Ronaldo (Manchester United), Zarif (Chicago), Iván Juárez (Rafaela), Unyicio (D. De Belgrano), Bataras (J.J. Urquiza), Cardozo (Boca), Camoranesi (Juventus), Ribery (Francia), Beckham (Real Madrid), Rommedahl (Dinamarca).

Todos los jueves en el bar del Tano Pascuale, Omar se junta con un grupete de colegas que tienen en común su pasión por la franja lateral del campo de juego: “Los Carrileros no se Manchan”, se autodenominan y acompañados de un Vermouth y algún plato de saladitos, juegan torneos de ajedrez hasta altas horas de la madrugada. La única salvedad es que ellos le cambian dos reglas al ‘juego de reyes’: primero, los peones se pueden mover indefinidamente hacia delante y hacia atrás en un continuo ida y vuelta. Y segundo, cada vez que un peón llegue al final del tablero no cambia por reina, como comúnmente sucede, sino que debe meter un centro atrás, para la llegada de la reina o el rey.
De vez en cuando alguno de los competidores sale a comprar ‘puchos’ o alguna golosina. “Voy y Vuelvo” dice...como diría en cualquier otro bar.
Sólo que en el bar de Pascuale, “ir y volver” es casi una forma de vida.


Sergio Simionato.

lunes, noviembre 13, 2006

Pan y Queso Mundial


...Imagina que no hay países, no es difícil hacerlo...” Así, John Lennon se anticipaba, sin quererlo, a una realidad mundial.
Una realidad que es cada vez más frecuente. Un nuevo capítulo se escribe con Gonzalo “Pipita” Higuain. El tema del momento es que lo busca la “Bleu”, mejor conocida como la selección Francesa.

Esto es moneda corriente en estos tiempos. Atrás quedaron los mundiales donde cada uno jugaba en el país en que veía la primera luz. Antes, si nacías en Villa el Quirquincho, en algún pueblito perdido de la Argentina, tu sueño era llegar a la selección del pueblo y si se podía, la Argentina. Ahora podes pegar un salto de Deportivo Pampa Húmeda a la selección de Ukrania en días. Ahora el mundo de las Selecciones es un gran mercado de pases donde se manejan importantes transferencias y todo es posible. En medio de una increíble sopa de jugadores nos podemos sorprender con un brasileño jugando en Japón (Santos), un inglés jugando para Trinidad y Tobago (Birchall), otro brasileño ‘estrella’ en Portugal (Deco), un nacido en Brasil, de padre alemán, madre panameña que tiene tres nacionalidades (Kevin Kuranyi), un australiano en Samoa (Cahill), un egipcio en Suecia (Shaaban), un suizo en Alemania (Neuville), argentinos en Paraguay (Acuña), en México (Franco), en Italia (Camoranesi), en EEUU (Mastroeni), en España (Pernía), el goleador de la selección alemana es polaco (Klose) y el ‘collage’ alcanza su punto más alto con el ghanés “alemán” (Asamoah) y un nigeriano “polaco” (Olisadebe). Antes del Mundial en Alemania, Bilos fue tentado por Croacia y el colombiano Navarro Montoya luchó toda su vida por vestir la ‘celeste y blanca’.
Ya no importa donde se nace. Con tener abuelos, padres, tíos, vecinos o mascotas de otras nacionalidades alcanza para poder calzarse la camiseta de un país que en algunos de los casos jamás se visitó. Solo hace falta decir que SÍ, aprenderse el himno en tiempo récord y probarse el talle de la camiseta. No parecen naciones, sino equipos de un torneo local. No existen más las fronteras, ya no más países, no más identificaciones, ni legado.
Enrique Otto Chang, “Turco” para los amigos, decidió cambiarse de nombre cuando se dio cuenta que era su última oportunidad de jugar un Mundial. “Nací en Bernal, viví en Isidro Casanova, mi viejo es hijo de húngaros, mi vieja es colombiana, mi mujer es brasileña, mi perro es un Ovejero ‘Alemán”, mis hijos van a colegio Suizo, hace unos años me fui de viaje a Egipto, tengo un plasma japonés y en enero me surgió una posibilidad de jugar en un club de la segunda división de Uruguay”. Enrique dice que es “para tener mayor amplitud de naciones a elegir”. “Igualmente, hasta después de las eliminatorias para el Mundial del 2010 no acepto jugar para ningún país”. “La idea es ver las selecciones que clasifican y recién ahí tomar mi decisión final”
Imaginen que no hay países. Solo equipos que los representan.
...Puedes decir que soy un soñador...pero no soy el único...

Sergio Simionato.

viernes, noviembre 10, 2006

Condenado sin juicio previo



El director técnico de Boca se encuentra en una senda cuyos caminos se bifurcan pero que indefectiblemente conducen a un mismo destino.

En el caso de que Boca no salga campeón, voces desde distintos ámbitos lo atacarán acusándolo de lírico y criticándolo por haber intentado introducir variantes en un equipo que ganaba todo.

La otra posibilidad es que Boca vuelva a salir campeón. Pero en este caso, nadie hablará del “equipo de Lavolpe”. Por el contrario, sostendrán que el equipo salió campeón por la inercia del “maravilloso” conjunto ideado por Alfio Basile. O también resaltarán como único hito de este campeonato, el vergonzoso “segundo tiempo” del partido con Gimnasia.

Los ataques al nuevo técnico de Boca, comenzaron desde el primer partido. Ricardo Lavolpe no formaba parte de este mundillo del fútbol local cada vez más despreciable, por lo que todos alzaron sus voces críticas ante cualquier decisión del técnico.

Seguramente, muchos hubieran preferido que el nuevo técnico de Boca sea uno de los tantos lobbystas que recorren los canales de televisión (y que no dejan de fracasar): Ruggeri, el “Profe” Córdoba o el ex convicto Veira.

Sin lugar a dudas, hacerse cargo de un equipo que parecía invencible, no era una tarea fácil; pero hacerlo rodeado de una banda de cuervos sobrevolando la carroña, deja a las claras que nuestro fútbol está plagado de ciertos intereses que cada día lo alejan más de una apasionante justa deportiva.
Nicolás Quinteros

jueves, noviembre 09, 2006

Llora el fútbol


Por estos días, nuestro fútbol transita momentos de definición. Se acerca el final del torneo y la pelea por ser el campeón lleva a buscar y resaltar posibles disparidades entre los aspirantes. Uno de los puntos más objetados por éstos, tal como sucede campeonato tras campeonato, es la labor de los árbitros. Hemos presenciado el pasado fin de semana el pico más alto de una protesta que viene creciendo fecha tras fecha: “algunos equipos son beneficiados, mientras que otros son perseguidos y los principales responsables son los jueces de cada encuentro”.

Un ejemplo de esta actitud fue lo que dejó el partido del sábado pasado entre Vélez y Estudiantes, en el cual varios integrantes del equipo de La Plata denunciaron ante la prensa que fueron perjudicados por los fallos del árbitro del encuentro Rafael Furchi. Principalmente señalaron una persecución hacia su capitán, Juan Sebastián Verón quien fue expulsado, tras varias fechas en las cuales se había “salvado” de recibir esta sanción, lo cual fue magnificado anteriormente por los medios. Deteniéndonos en este caso puntual, ¿Fue justa la expulsión a Verón? Según mi opinión sí, debido a que había cometido dos infracciones merecedoras de tarjeta amarilla (sumadas a varias acumuladas) pero, más allá de que algunos la consideren excesiva ¿Es tan discutible el tema? ¿No es exagerar la cuestión? ¿Qué opinaron aquellos que se quejaron, del claro penal no cobrado de Calderón a Mauro Zárate en el segundo tiempo?

La lista de ejemplos se podría estirar hasta el hartazgo, incluso Juan Manuel Llop, director técnico de Godoy Cruz, amagó con renunciar manifestándose harto de que perjudiquen a su equipo fecha tras fecha.

Es claro que muchas veces los árbitros no miden con el mismo criterio a equipos poderosos que a equipos de menor peso. Sin embargo, la mayor parte de las ocasiones las quejas pretenden tapar ciertas limitaciones propias.

Cual es el resultado al que se llega en está vorágine: Como la protesta mediática sobre partidos anteriores en los que no fue expulsado, finalmente terminó influyendo en el caso Verón, muchos protagonistas dedujeron que: “siempre hay que hablar, nunca hay que callarse, sino te pasan por arriba”. Frase funesta, que resulta en un aporte más al ya mediocre fútbol local. Ciertamente, con árbitros, salvo excepciones, de escasas cualidades, pero con protagonistas que no superan ese nivel. Conformando un torneo en el cual ya parece más importante acaparar los medios con fuertes declaraciones que preocuparse por mejorar el espectáculo que realmente le interesa a la gente, el que se brinda dentro del campo de juego.


Diego Fioravanti

lunes, noviembre 06, 2006

Hombre sin Sombra


El gesto de su cara es una mueca. No sabe sonreír. O no quiere. “Si sonrío me desconcentro y si me desconcentro lo lamentamos todos”. Vive en estado de alerta. Por eso su mandíbula parece trabada.

“La verdad que me gustaría reírme un rato” dice Alejandro “Doberman” Carrizo, que según cuenta fue criado por una jauría, aunque sus más cercanos desmienten la versión aludiendo que de vez en cuando ‘inventa’ historias. De aquel mito, del que no hay testigos, proviene su apodo.

Desde chico se lo entrenó como perro de presa e indifectiblemente estaba signado por esa posición en la cancha.

Él, se nota desde lejos, es Stopper. No hace falta aclararlo y suena a redundancia. Su cuerpo se ve maltratado de tantas batallas. Se siente discriminado, nadie se le acerca. “Es que jugar de Stopper da mala fama” comenta ya acostumbrado a ser degradado.

Ser Stopper es mimetizarse. No puede anticipar ninguno de sus pasos, ya que haga lo que haga, no derivará de una decisión propia, sino de imitar los movimientos de otro u otros. Ni él mismo sabe que hará en el próximo segundo. Solo se limitará a perseguir a su “presa” o “marca”. Su actuación se analizará por descarte: Si su ‘marcado’ tuvo una buena actuación, el Stopper habrá tenido una mala jornada y viceversa. Así como la profecía marcaba la llegada del Anti-Cristo de la mano de su triple 6, el Stopper, con el 6 en la espalda se presenta en el césped como el Anti-Gol. La juega de villano.

Debe ser una sombra, sin despegarse un metro de la presa. Si se ‘duerme’ un instante posiblemente lo lamente el resto del partido, por eso suele estar con los sentidos exaltados. Sus armas más importantes serán el cabezazo, el anticipo, un espíritu incansable, orden, atención y... mucha atención. Su cuello deberá ser fuerte, ya que se cansará de cabecear pelotazos lanzados por los arqueros rivales, y centros ejecutados por wings y carrileros. Su cabeza recibirá tantos pelotazos como un boxeador golpes.

Generalmente jugará con el cuerpo y la cabeza a mayor temperatura que el resto de sus compañeros.

Hay Stoppers que apelan a sus condiciones físicas, futbolísticas y técnicas, pero otros juegan por fuera de los límites permitidos. Entonces entrarían dentro del grupo que necesita de la complicidad de los jueces del encuentro para llevar a cabo su malvado plan. Este tipo de Stopper buscará ‘domesticar’ a su perseguido a fuerza de golpes, insultos y agresiones, desde el minuto cero. Susurrará palabras al oído y seguirá a su pareja hasta ‘debajo de la cama’, a manera de cortejo amoroso, pero con mucha menos sutileza. Eso sí, convertirán decenas de faltas y jugarán limitados por las tarjetas la mayoría de los casos. Ejemplos abundan: Oscar Ruggeri, Morquio (Aldosivi), Materazzi (Italia), Romero (Lanus), Méndez (San Lorenzo), Galván (Banfield), Barsottini (Platense).

Del otro lado, más allá que esa posición lleve a convertir faltas, pero sin hacer de ellas una método ‘único’, se encuentra el grupo de Stopper que ‘extirpan’ el balón de su marca. Rápidos de piernas y de reflejos, clausuran la saga central y alivianan el trabajo del líbero y arquero. Ejemplos: Passarella (El Kaiser), Milito (Zaragoza), Tuzzio (River), Abraham (Independiente), Virardi (Temperley), Pelegrino (Alavés), Diego Crosa (Racing).

“En esta posición tuve muchas alegrías, pero también varios disgustos”, vuelve Carrizo. Aunque cuando apagamos el grabador relaja su postura y nos cuenta una confidencia. “El golpe más duro no fue dentro de un campo sino fuera de éste”. Recuerda el día que escuchó al Dr. Bilardo diciendo “Si un jugador es rubio, de ojos celestes y tiene todos los dientes, no puede jugar de Stopper”. Desde entonces lidia con su persona, buscando un cambio de look hacia algo más desalineado. Quiere sentirse BIEN Stopper.

Alejandro “Doberman” Carrizo no confía en nadie, y mucho menos en su sombra.

Le da la sensación de estar marcado...como si tuviera un Stopper en la espalda...

Sergio Simionato.

martes, octubre 31, 2006

El Fútbol Argentino Agoniza


El Fútbol Argentino agoniza. Con respirador artificial, apenas se mantiene con vida. Está ‘de última’ y su futuro parece negro. Oscurísimo. La infección continúa propagándose y nadie parece capaz de salvarlo.

Con un simple vistazo cada fin de semana a un resumen del fútbol local, se darán cuenta de la gravedad de la situación. Las manzanas podridas están fermentando el cajón, la dirigencia hace la vista gorda, la seguridad delega responsabilidades, el hincha acusa al gobierno, el periodismo equivoca el mensaje y los buitres vuelan bajo.

La enfermedad es crónica y los síntomas se ven semana a semana. Pensar que antes se analizaba la fecha con más goles y ahora la que más partidos suspendidos presenta. Partidos sin público, canchas suspendidas, encuentros que no terminan.

Se ha desvirtuado todo. Y vaya ‘casualidad’, que en medio de un país tan rico, con tantos recursos naturales pero lleno hambre, haya un fútbol tan rico, con tantos recursos futbolísticos (jugadores), pero agonizando.

Nada es menos casual que esto. Partiendo desde la parte dirigencial que recién ahora habla del derecho de admisión y deja que ingrese cualquier hincha, en el estado que sea y con el prontuario que tuviese. Eso no es lo más grave, sino la amistad por conveniencia que algunos dirigentes tienen con este tipo de malvivientes. Y no solo para el plano futbolístico, sino que se valen de ellos para la parte política, el lobby y los métodos de ‘presión’. A cambio de estos servicios, se le otorga a los ‘capos de la barra’ visa para ingresar a cualquier cancha, transportes, y hasta comisiones para algunos. Y me olvidaba: carta blanca para cualquier hecho delictivo. En algunos casos se llega a preguntar, ¿cuál de las dos partes está a cargo del club?. Y como si fuera poco, alguno, como el presidente de Gimnasia L.P., Juan José Muñoz, ingresando al vestuario del juez Daniel Giménez, para ‘sugerirle’ alguna modificación en su accionar.

Por otro lado, los encargados de la seguridad. Tengo la convicción que en todos los sectores de la sociedad hay personas ‘tendientes al mal’ y ‘tendientes al bien’. La Seguridad no es la excepción. Lamentablemente, en los últimos tiempos resaltan más los malos. ¿Quieren decirme quién organiza los operativos? Esto es fácil de explicar. He tenido la suerte de conocer muchas de las canchas de nuestro país y con un simple golpe de vista puedo decir donde es necesario un ‘cordón policial’. Como diría un amigo: Es Básico. El cordón principal debe estar entre las dos parcialidades. Esto que parece tan simple, casi nunca se cumple. Aunque usted no lo crea, son más las veces que el cordón NO se ubica allí que las veces que SI ocurre.

Y el gran problema de la Seguridad es que algunos no pueden manejar semejante fuente de Poder y abusan de sus ‘derechos y deberes’. Represión a ‘troche y moche’ ante la mínima provocación. Y su eterna pelea con la dirigencia. Cada vez que una bengala, un arma, o un elemento prohibido aparece en la tribuna, comienza el tire y afloje mediático. La policía acusa a los dirigentes “Esos elementos fueron ingresados con el consentimiento de los dirigentes el día previo al encuentro”, y aquellos responden “El cacheo no fue exitoso y el operativo nos costó dinerales”. Nadie es el responsable.

Algunos árbitros sin personalidad, que antes de suspender un encuentro por algún proyectil miran la gravedad del daño en el contuso. Ahí surge la frase “¿Tenemos que esperar que maten a alguno para suspender el partido?” Si el herido se levanta y tiene al menos 4 sentidos en buen estado, el encuentro continúa. Y así como la autoridad afuera de la cancha permite que ingresen los violentos, dentro del rectángulo estos jueces permiten que se queden los más violentos y le sacan tarjetas por hablar, saltar carteles o sacarse la camiseta, a algún ‘carlitos’.

Aquellos jugadores que gritan goles de cara a la tribuna rival, o que intentan lesionar de manera intencional a un colega.

El sector del periodismo que convierte en ‘caudillos’ a los jugadores más violentos, en lugar de dejarlos en evidencia. Claro, si hablan mal de algún violento, es una nota menos.

¿Y que me dicen de los que yo llamo “pequeños ladrones de gallinas”? Son seres apenas imperceptibles que se deslizan en el anonimato y que aportan su pequeña cuota de ‘violencia’. Dentro de estos se encuentran algunos camilleros que quieren sentirse parte del triunfo. ¿Qué hacen? Cada vez que llevan un rival en la camilla, lo dejan caer de una forma que parece ‘casual’. Hasta se ha visto alguno insultando al jugador.

También balones y chicos alcanza-pelota que desaparecen misteriosamente cuando su equipo va en ventaja. En un fútbol ‘normal’ esto no sería importante. En un fútbol agonizante, el mínimo detalle es detonante.

Dejé para el final al hincha. Pero no voy a hablar del que todavía disfruta de la magia del fútbol y va a la cancha soñando con gambetas, rabonas, goles y emociones. No hablo del hincha sano. Hablo del otro. Del que va a la cancha a descargar frustraciones, a calmar sus broncas. Ese despreciable ser que sueña con ‘matar’ a un rival. Con robar una bandera. Con ser más guapo. No sabe que desde que se inventó el revolver no hay más guapos. Este hincha que siempre tiene un motivo para agredir, que ante la mínima cargada contesta con violencia, que aleja a la familia de los estadios. Para muchos, identificado como Barra Brava.

Pero también está el otro hincha, debatiéndose en la indecisión, fácilmente influenciable. El problema reside en que el grupo de estos hinchas es el más numeroso. Alienta cuando piden que aliente, pero insulta cuando la premisa es esa. Jamás defiende sus ideas sino las de la elite violenta. Si le piden que arroje una roca, lo hará, y se inclinará hacia donde sople el viento. Sus actos serán justificados por La Ley Del Mal Mayor. “El gobierno tiene la culpa”, “la policía agredió primero”, “en lugar de fijarse en nosotros por qué no se fijan en el país”, como si tuviera algo que ver.

Que cada uno se haga responsable de sus actos. Que cada uno aporte su granito de arena por mínimo que parezca.

El Caos se ha instalado y nadie quiere agarrar el hierro caliente. Todos miran al de al lado con cara de ‘yo no fui’. Todos somos responsables en mayor o menor medida. Nadie da el puntapié inicial. Todos se liberan de responsabilidades.

Mientras tanto en una cama de hospital, El Fútbol Argentino, uno de los torneos más prestigiosos y envidiados del mundo, se debate entre la vida y la muerte esperando por un transplante de ‘Conciencia’, mientras su corazón late cada vez más débil.

Sergio Simionato.